Todo lo que pensamos, conjuntamente con nuestros juicios y su traducción en acciones o inacciones, incluso esos impulsos que nos sorprenden por su impaciencia o explosividad, surgen de nuestro mundo interno, y no lo sabemos.Nos expresamos y nos movemos, o no, empujados por nuestros sentimientos y emociones, por nuestro sentido común o nuestra lógica. Todos ellos convulsionan nuestro mundo interno y nos llevan a expresarnos, así mas no sea con un revoleo de ojos y un silencio, y no lo sabemos.

Pero ¿qué hay en nuestro Mundo Interno Desconocido?

Hay creencias y juicios que han sido internalizados en la infancia, inculcados por padres y cuidadores a través del vínculo y la enseñanza, quienes, a su vez, también acarrean creencias y juicios inculcados por sus padres y cuidadores.Estas creencias y juicios internalizados en los primeros años de la infancia, han echado raíces muy profundas e indiscutibles (hasta ahora) en nuestra alma y, por lo tanto, son desconocidas o desoídas por nuestra conciencia. El alma siente y la conciencia percibe y piensa, produciendo una distonía o sintonía, un placer o un malestar, en el vivenciar de las personas.

A esas creencias y juicios los llamamos “mandatos”:

Seguramente todos hemos crecido escuchando frases tales como: “tenes que ser un profesional”, “la familia es lo más sagrado”, “los lazos de sangre son indestructibles”, “el rosa es para las nenas y el celeste para los nenes”, “esa persona no te conviene”, “de la guitarra no vas a vivir”, “tenes que casarte”, “los hombres no lloran”, “las mujeres tienen que ‘hacerse las difíciles’ para no parecer unas putas”, “hasta que no tengas hijos no vas a tener una familia”, “si no te sacas un 10 en la escuela sos un ‘x’ porque tu única obligación es estudiar”, “la mujer debe quedarse en la casa cuidando a los hijos y al marido” … ufff son tantas!!!! Son innumerables!!! Tantas como personas hay sobre la tierra. Seguro a vos se te ocurrirán otras, tal vez las que has vivido en carne propia, como yo, los ejemplos que di me surgieron orgánicamente porque son propios, aunque no privativos solo para mí ya que los mandatos comienzan siendo familiares y a medida que vamos creciendo se amplían a culturales, sociales e institucionales; toda una cadena de amarramiento del ser.

¿Qué nos generan estas creencias y juicios que hemos introyectado y normalizado?

Comienzan a forjar el “yo soy así”, nuestro carácter, y nos marcan como “tenemos que ser”.Apresan nuestras potencialidades humanas y limitan nuestro desarrollo personal.Generan un “falso self” lleno de máscaras, que se presenta como adecuado en sociedad, mientras que el “verdadero self” permanece oculto y desconocido para todos.Nos obligan a “ser fieles” a su fuente, porque nos enlazan y nos dan un “sentido de pertenencia” fomentando la dependencia emocional.Nos confunden y nos vuelven incongruentes, cuando lo que sentimos y pensamos no coincide, obligando al falso self a adaptarse para un rendimiento social óptimo y aceptable.Actúan sobre nuestra autoestima, exacerbándola o empobreciéndola.

¿Cuál es la solución?

La buena noticia es que las creencias pueden ser modificadas, cambiadas, reelaboradas y reestructuradas, vueltas a elegir o por completo descartadas; y dado que una creencia implica que un individuo supone como verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso, persona o cosa; aquello que se supone como verdadero puede ser revisado, previamente descubierto, para posteriormente, transformarlo de manera consciente por la persona dentro de un proceso.

¿Cómo opera el Counseling para la transformación de las creencias?

Las personas que solicitan ayuda psicológica a un Counselor, lo hacen porque sienten un malestar emocional.Sea cual fuere este malestar, el Counselor, a través de: sus aptitudes (teórico – prácticas), las actitudes básicas (empatía – aceptación positiva incondicional – congruencia), su doble nivel de conciencia (disociación instrumental o funcional); su estado de presencia, atención plena y escucha activa; comprenderá el sistema de creencias que rige la vida afectiva del consultante, brindándole un espacio y un vínculo de confianza dentro del cual pueda expresarse, escucharse, guardar silencio y reformularse; logrando conocerse, aceptarse, amarse, concientizarse de su verdadero self, responsabilizarse por sus acciones y mejorar su autoestima, en la medida de sus posibilidades.

Por Clr Mariana C. Viera

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